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¡HOLA, CÓMO ESTÁS!

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Algunas cosas son tan oscuras que ¡ay de la luz que brilla sobre ellas! Matt Elliott en "Dust, Flesh and Bones"    Estos días, en un descanso del trabajo, se me vino a la mente el SETI. No hay nada como la agotadora actividad en una gigantesca distribuidora de ropa, para que le entren a uno preocupaciones sobre cómo va, en el mundo, la investigación sobre la inteligencia en otros mundos. Es muy de mi estilo que, para huir de las reflexiones personales, me enfoque en otras de nivel cósmico.    Conocí sobre el SETI a finales de los noventa, leyendo a Carl Sagan en una época en que devoraba todo lo que escribió. Quizá fue en El mundo y sus demonios o, más seguramente, en Contacto donde me enteré de su existencia. Mi primer computador estuvo al servicio del análisis de la inmensa cantidad de datos que obtenían con el radiotelescopio de Arecibo. Fui uno de los millones que fantaseaban con que el cruce de saludos intergalácticos se produjera en su casa.   ...

LICHT, MEHR LICHT!

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    "He observado cuanto sucede bajo el sol y he visto que todo es vanidad y atrapar vientos." Ecl. 1:14    Imagino al anciano Juan, sentado junto a la ventana, pidiendo que abran más las cortinas. Puedo oír su voz, grave, quebrada por el catarro, débil, apenas útil para romper el silencio en el que están sumergidos sus acompañantes. Una mujer corre presurosa a conceder el deseo. El cielo está azul, el sol pleno, como se lo merece un mediodía de primavera en marzo. La piel pálida del viejo está hambrienta de la caricia de un rayo tibio, los ojos deseosos de contemplar su brillo, mientras el espíritu, normalmente animado por el efecto misterioso de la luz, se desprende del cuerpo que sufre un infarto.    El eco de la última orden del viejo aún puede oírse. Me gusta como suena en alemán, cuando se dice con el tono de una sed urgente. Esas palabras rebotan desde entonces, multiplicándose en mil partes como lo hacía la luz en los montajes de lentes y esp...

PILINCHO

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   El hombre llegó agitado. Era mayor, con apariencia débil. Su actitud nerviosa intrigaba. Era viernes, cerca de la hora de cierre, y luego de preguntar por quién administraba, se dirigió a donde yo estaba:    ―¡Cierre la puerta, señora, por favor! Vengo a hacer un giro y creo que me siguen para matarme.    Hice una mirada a la chica que atendía en la caja para que estuviera atenta con la alarma. No había muchos clientes, y parecía que no se percataban de lo que pasaba. Con un ademán le pedí al hombre que se quedara cerca de mi escritorio mientras iba a la entrada. Por la vidriera no vi nada diferente a lo acostumbrado: carros que vienen y van por la Blackwell, peatones abrigados que caminan decididos, ensimismados; algo de la nieve del fin de semana aún acumulada en las aceras. Una clienta me reconoció y levantó la mano a lo lejos. Puse el pasador e invité al hombre a la parte de atrás, a la cocineta. No es el primero que llega con los nervios ...

NO SÉ POR QUÉ RECUERDO

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   No sé por qué recuerdo mis primeros días en Istmina con tanta intensidad. Llegué a ese lugar cuando apenas tenía doce años, estrenando un peinado hacia arriba que abandonaba el lamido lateral de la abuela, con el pecho repleto de una fe acerada y la cabeza embotada de una ingenuidad que me llevaba a definir prematuramente mi futuro. Mi madre también lo creía, por eso hizo un gran esfuerzo por matricularme en un internado que quedaba en un sitio tan alejado y exótico. Un colegio que combinaba una educación de alto nivel, oración intensa y un aislamiento estricto del entorno que achicaba el carácter, tanto que, en vez de prepararlo a uno para el mundo, parecía que más bien lo mutilaba.    Lo primero que sentí fue el calor. Todo el tiempo me quejé de él, por lo menos en los primeros seis meses, en que me asombraba la cantidad de sudor que chorreaba de mi cuerpo. Me sorprendía con las pequeñas gotas de agua que salían de mis nudillos, y que las dos o tres duchas ...

DISCIPLINA DEPORTIVA

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   ¿De qué están hechos los espíritus que unas veces son invadidos por la pasión y otras son presa de una espesa indiferencia? ¿Por qué los propósitos son tan esquivos y, a pesar de los esfuerzos por mantener el rumbo, las corrientes internas revuelven las ideas y llevan los planes a lugares indeseados? Conocerse a sí mismo es un trabajo que no termina. Cuando se cree que se ha llegado a una conclusión, en cuestión de días se encuentra la sorpresa de que apenas se tiene un principio.    Durante cerca de diez años monté en bicicleta por las trochas del Sur del Valle de Aburrá y los alrededores de Manizales. Recuerdo que un amigo me recomendó el deporte en un almuerzo en el que hablábamos sobre el nivel de mis triglicéridos y de mi índice de masa corporal que sobrepasaba el valor de treinta, sin señal de detenerse. Es probable que le contara que cuando tenía veintisiete años consulté con una médica, dado que me mareaba con frecuencia, y que, además del descubrimie...

FRÍO VERDADERO

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  En la Ciudad de la Eterna Primavera la gente no sabe de bajas temperaturas, el frío lo relacionan con un pueblo encumbrado, habitado por cara’e palmadas enruanados que toman aguapanela hirviendo a gran velocidad. Los referentes son veredas de Santa Rosa de Osos, amaneceres en el Páramo de Letras, o algunos de los apacibles pueblos de Boyacá. Pero lo que se experimenta en esos lugares no son temperaturas bajas, así aparezca un pico blanco deshabitado contradiciendo la frase. Esas temperaturas existen sólo en lugares fuera del trópico, y penetran tanto en el cuerpo, que alcanzan el rincón tibio donde se hospeda el alma.     La mejor escala para medir la temperatura es la centígrada, que se basa en el comportamiento del agua, un elemento familiar, donde el cero es el punto de congelación y cien el de ebullición. En esa escala, el nivel más bajo, -273 °C, es donde la vibración de los átomos, la danza minúscula que genera la temperatura, se detiene. El promedio ...

EL NORTE DEL NORTE

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De allá para acá se consumió la gente; se desbandaron los hombres  en busca de otros “bebederos”. Pedro Páramo. Juan Rulfo    No sé si sea posible dar una opinión general sobre los habitantes de un país sin que nadie se sienta excluido. Los matices de las costumbres se acumulan y hacen diferentes a comunidades separadas apenas por unos kilómetros.    Un territorio inmenso como México, plantea el mismo problema. No hay un mexicano típico, pero también, cuando ves y oyes uno, te das cuenta de inmediato de dónde es. Eso pasa, quizá, porque he tenido varias aproximaciones al país desde mi infancia, empezando con la abundante televisión llena de risas y lágrimas, las películas y los corridos trágicos. Luego, los viajes en que cada pueblo, cada amigo, cada historia me acercan de tal forma que siento que podría vivir allí de forma permanente.    Sin embargo, la experiencia mexicana más intensa la tuve cuando trabajé en una tienda con aire michoacano en Ho...