LICHT, MEHR LICHT!
"He observado cuanto sucede bajo el sol y he visto que todo es vanidad y atrapar vientos."
Ecl. 1:14
Imagino al anciano Juan, sentado junto a la ventana, pidiendo que abran más las cortinas. Puedo oír su voz, grave, quebrada por el catarro, débil, apenas útil para romper el silencio en el que están sumergidos sus acompañantes. Una mujer corre presurosa a conceder el deseo. El cielo está azul, el sol pleno, como se lo merece un mediodía de primavera en marzo. La piel pálida del viejo está hambrienta de la caricia de un rayo tibio, los ojos deseosos de contemplar su brillo, mientras el espíritu, normalmente animado por el efecto misterioso de la luz, se desprende del cuerpo que sufre un infarto.
El eco de la última orden del viejo aún puede oírse. Me gusta como suena en alemán, cuando se dice con el tono de una sed urgente. Esas palabras rebotan desde entonces, multiplicándose en mil partes como lo hacía la luz en los montajes de lentes y espejos de su laboratorio. Las tomé como emblema, como una forma de describir mi curiosidad insaciable.
Con el tiempo concluyo que he visto la luz. Se trata de relámpagos que iluminan el contorno del camino, algunas veces mostrando un horizonte negro y vacío.
Hoy camino por un bosque en medio de una noche de luna nueva, sintiendo que las hojas me rozan, que hay que apartar ramas que amenazan con sujetarme, que el suelo blando se hunde ante mis pies, a la vez que escucho una y otra vez el ruido de algo que huye.
Claro que hay amaneceres, incluso a días tan brillantes como aquel en el que se fue Juan, y noches con una luna llena tan gigante que parece colgada. Claro que hay días en que los monstruos son más discernibles y las angustias menores. Sin embargo, para muchos solo hay el tiempo de una noche oscura y, a pesar de que exclaman como el viejo por más luz, justo en el momento en que lo hacen con más intensidad, cuando empiezan a dominar el arte de hacer lámparas, el destino responde arrebatando el espíritu.
Últimamente no me ha gustado lo que he visto. Ante la luz breve de un rayo estruendoso, veo unos monstruos que se agitan en la oscuridad. Y se repite mucho, como si no hubiera más que ver en todos lados. Siendo así, es mejor detenerse, compartir con aquellos que cierran los ojos y se mantienen tranquilos en la oscuridad esperando que el rayo continúe cayendo lejos.
