NEXUS
"Antes de la aparición de la IA, los relatos que moldeaban las sociedades humanas se originaban en la mente de un ser humano."
Yuval Noah Harari.
Uno no puede terminar de leer Nexus, el último libro de Harari, y pasar a otra actividad como si no hubiera pasado nada. Traté de enfocarme en otra lectura que hace rato está pidiendo su turno. Pero no es aún el momento. Es necesario digerir un poco más todo lo que he llegado a entender durante estos meses. Porque, para iniciar, es una lectura que me ha tomado un año. Para atenuar las sospechas sobre esta contradicción que acabo de expresar, puedo decir que leerlo ha sido lento por las actividades especiales en las que he estado, además de otras lecturas que debí abordar por otros intereses. Empecé a leerlo inmediatamente después de que mi amigo Augusto me lo obsequió. Fue en abril del año pasado. En septiembre iba por la mitad, pero me tocó empezar a leerlo de nuevo. Mi mente estaba dispersa. De ahí en adelante el avance no fue más rápido, pero la atención sobre lo que decía fue mejor. Para ser sinceros, algo también tienen que ver los videos cortos de YouTube e Instagram, que cada vez son más difíciles de mantener a raya.
En medio de tanto ruido para mi lectura, pude captar un concepto relevante que no olvido: la idea —llamada por el autor ingenua— de que la información produce verdad y que de esta se desprenden la sabiduría y el poder. Veo ese enfoque en todas partes, suena hasta lógico y noble. Sin embargo, la información, como factor de orden que lleva al poder, es algo que no se discute a nivel público. Debería conocerse mejor qué busca la defensa que hacen los poderosos, —los antiguos, los actuales y los emergentes—, enmascarada en la libertad de información, por imponer los medios con los que influencian a la población con sus narrativas.
El libro se extiende en un contexto histórico que ayuda a entender cómo los cambios en la tecnología de la información han ido influyendo en nuestra cultura. Desde las tradiciones orales, la aparición de los libros sagrados, el efecto de la imprenta y la llegada de internet, todo ha respondido a un continuo esfuerzo por mantener el orden social a través del control de las historias. La tecnología actual es más de lo mismo. La adicción a los videos y los post en los celulares es el resultado de un algoritmo que conoce a los usuarios mejor de lo que ellos se podrían conocer a sí mismos, y que logra implicarlos con sus contenidos. Ya se vieron los primeros resultados de esas manipulaciones políticas masivas en Reino Unido y en EEUU, y el triste desenlace con masacres en Myanmar. Los humanos siempre han sido crueles con ellos mismos durante la historia; lo nuevo es que tienen herramientas nuevas que llevan a niveles nunca vistos su capacidad de hacer daño. Los proveedores de redes sociales, una vez descubierto el método de mantener a los usuarios pegados a la pantalla, no pararán de refinarlo y fidelizarlos cada vez más. Mezclados con videos de gatos, cada uno mantendrá encendido el sentimiento de indignación contra los otros, listo para accionar los pulgares cuando y como el algoritmo se lo solicite. No es gratuita esta epidemia de polarización en el mundo, donde las ideas más absurdas tienen cabida y los esfuerzos científicos más prometedores se tratan al mismo nivel de las teorías conspirativas más disparatadas.
Los momentos de transición se superponen unos sobre otros. Los cambios no dan tiempo; no esperan a las regulaciones. Cuando estas últimas llegan, la tecnología ha cambiado de nuevo. La interacción humano-humano está siendo reemplazada por humano-máquina. La mayoría de las veces pasa desapercibida, pero es un fenómeno creciente. La interacción máquina-máquina viene también en aumento. La infraestructura de redes (5G) crece para darle paso a que se desenvuelva en todos los campos. Que la nevera ponga órdenes de huevos y queso al supermercado suena bien. Que la domótica del apartamento se active disponiendo todo, porque desde la ubicación del celular conoce que el usuario se aproxima, suena bien. Al entrar a la casa, un ramo de flores o unos chocolates están esperando para que el usuario no llegue con las manos vacías el día de un aniversario que no recordaba. La máquina hará aparecer al usuario como que ama. También ayudará con el análisis político de la situación del último conflicto, resumido en tres frases contundentes; lo pondrá bien arriba en la pantalla, seguido de otro hermoso video de gatos bebés.
De vez en cuando aparecen las noticias sobre legislación que quiere poner freno a los abusos de las redes. Son noticias que suenan como en contra del progreso. Pero no. Tal como sucedió con las tabacaleras décadas atrás, estas empresas de redes se muestran como inocuas, mientras los daños que hacen a la sociedad se acumulan y la probabilidad de un desastre social de gran escala se avizora en el horizonte. Harari plantea defender la confianza en lo que se comparte, tomando como ejemplo lo logrado con el dinero, que en todas partes tiene instituciones que defienden la confianza en la que se basa. Si se deja la información a los algoritmos, que inundan las redes con información efectista, se terminarán inutilizando los canales. El público no podrá saber dónde informarse, quedando vulnerable ante una amenaza natural o ante un enemigo. Algo de eso se vivió en la pandemia del 2020 cuando las narrativas antivacunas dificultaron en algunos lugares o grupos de población la implementación de controles. Con las herramientas actuales y las que vienen, según se ven las inversiones que se hacen en ese sector tecnológico, el nivel de desinformación que se puede lograr es aún mayor. A nivel normativo, las naciones no pueden seguir de largo sobre el tema de la información; hay que entender mejor en qué consiste, educar al público y legislar sobre la forma como se accede actualmente a la información para proteger el tejido social.
